Memoria del aeropuerto de San Salvador

El vuelo destino a México se iniciaba en Guatemala capital. Los caprichos de la legislación del tráfico aéreo seguramente impedían un vuelo directo. Taca son unas líneas sorprendentes de un país chiquito, de una eficiencia única. Al subirse al avión, práctica que comprobé en todas las aerolíneas del Caribe, en seguida se inauguraba una barra libre de… lo que fuera: los alcoholes duros a mansalva. Whisky, ron, vodka. El tránsito en San Salvador continuaba la barra libre. Dos cosas eran lo que sucedía a la espera del vuelo: bebidas espirituosas y propaganda contra la guerrilla, panfletos que guardé como oro en paño y en una mudanza consideré prescindibles: era la era previa a la digitalización masiva y escanear no era una opción. Me arrepiento.

Al subir hoy al avión, veo que el carrito de bebidas viene preparado con ron, whisky, vodka. Pero, a pesar de una publicidad masiva en los periódicos locales (no he visto país del mundo, sobre todo sabiendo que es tan pobre, que haga tanta publicidad de Johnnie Walker etiqueta negra), ningún nativo, todos residentes y emigrantes en los EE.UU. parece pedir más que zumo de manzana. En mi imaginario de los ochenta, subir a un avión en la distancia que separa de Miami a Centroamérica suponía asumir que seguramente hasta el piloto iba colocado. El duty free del aeropuerto de hoy se componía de decenas de tiendas donde una de cada tres se dedicaba a vender alcoholes de máxima calidad: viva un país que aprecia los rones viejos como manjar. Pero la barra libre ya no estaba, puestos de café, algún Subway americano y ese mural de monseñor Romero, la gran víctima de la guerra civil.

Ya no corre el alcohol, ya no hay panfletos, los salvadoreños siguen trabajando duro.

Etiquetas: , , ,

Los Comentarios han sido desactivados.