Manzanas del caserío de los Lizarralde

Desde que las sientes en la mano, huelen. Han caído del manzano por su propia gravedad. El corte es limpio, la textura fina a pesar del tacto grueso. A los pedazos les añado un chorro de sirope de arce canadiense del máximo de calidad que se conoce. Y la combinación es una cena de aroma, sabor, sencillez y equilibrio.

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