La Avispa muerta

Donde ahora dan belleza y condimentos para el pelo, antes había libros de teatro: deben estar ahora en la red. Era, salvo error u omisión, la única librería teatral que habitaba la capital del Imperio. Y era punto de encuentro de cómicos y sus literatos. Allá pude obtener el Yo, Martín Lutero de Ricardo López-Aranda, a la sazón padre de Verónica, inencontrable en cualquier otro lugar. Aquí sigue residiendo en alguna esquina de las estanterías en este tiempo en que los libros empiezan a parecer objetos pesados, incómodos para trabajar y demasiado ocupantes de espacio. No es la única librería que muere – que morirá – pero ser hijo del papel entraña siempre un punto de melancolía aún cuando ya no sé vivir en ese mundo. Mucho más cuando tiene un habitáculo en espacios de las neuronas que sólo pueden entender las vivencias de uno, ese campo para escribir memorias.

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1 Respuesta a „La Avispa muerta“

  1. Aurora Dice:

    Leo en tu comentario que la Avispa ha muerto… y algo dentro se me muere . Esa librería- como la tambien hace tiempo desaparecida Corral de almagro de la calle Almagro- fueron escenario radiofonicos de mi vida profesional, sus propietarios/as gente entregada , fecunda, verdaderos libreros de los que pocos van quedando,
    Ya es un tiempo perdido y lejano
    Nuevas luces de neón acaparan nuevos mundos distintos.
    no quiero dejar paso a la melancolía y perdona mi irrupción( quiero que sea delicada) en tu intimidad.