La Benigna

Norberto explica la historia de los arroces levantinos en inglés o castellano. Pide silencio para que pueda tocar la guitarra. Llena su pared con todos los soportes habidos para los arroces secos, melosos y caldosos.  Pasa sus frascos con arroces ahumados, con las picaduras que emplea para dar el aroma final a los arroces. El comensal atiende obnubilado casi pensando que está en un lugar secreto, un lugar donde no se puede abrir la puerta y hay que golpear con fuerza el portón de madera que lo protege. Al final, el arroz tiene una altura de milímetros y el socarrat perfecto: huele y sabe a sierra. Era la promesa.

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