Lérida

El clásico de los setenta era: «eres más aburrido que un domingo en Londres». No conocían Lérida. Es julio, cierto, caía por ello un sol plomizo a las ocho de la tarde, pero te imaginas la vida del Mediterráneo recorriendo las calles con gente en busca de fresco. Comercio cerrado, vacío absoluto, algunas terrazas de cafeterías inanes en un par de esquinas. Cuatro chiringuitos de emigrantes cerraban un paisaje desolado en que africanos, marroquíes y latinos parecían conformar la única vida tal cual sucede en las calles sureñas: hombres tomando, sentados en la acera o vagando.

Una búsqueda acelerada de locales de gastronomía superior. Google no devuelve nada. En algún lugar se dice que ha sido o es territorio de alguna estrella Michelín. Caracoles a la llauna en algún lugar especial, demasiado oficial como para pasar una tarde y picar refrigerio. Se buscan bares de raciones superlativas. Lo que devuelve el buscador son bares vascos. Dos. El recorrido a pie es algo largo, pero por aquello del turismo accidental, es excusa para recorrer la ciudad. Arquitectura que te hace sentir hasta mal. La tradición rodeada de arquitectura oficialista de presunta vanguardia. La Seo antigua, como un monumento inexpugnable que agota la intención de llegar. El vasco más populoso de Léridaestá cerrado. Todo lo que le rodea está cerrado. Sólo queda un chino de brillos dorados y sensación de limpieza extrema. Será que luchan contra el tópico.

El sol ha caído y hay que refugiarse: darán un rollo primavera que matará el cansancio. La sorpresa es que siendo un chino comercial, la carta no es aburrida. Aparecen unas algas fritas. Uno tiene en el recuerdo las algas fritas de China Crown y, aunque no espera la misma delicadeza, es una forma de venganza contra el destino: si no es una exquisitez, parecerá una exquisitez. Pero, en una variante inesperada y que es imposible saber a qué tradición pertenece, las algas fritas lo que vienen es rebozadas de tal forma que puede llamarse fritura andaluza. Y están buenas.

Optaron en Lérida por denominar su estación de tren Lleida-Pirineus. Era lógico. Es mejor seguir a la montaña.

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2 Respuestas a „Lérida“

  1. Jose Alcántara Dice:

    No estuve nunca, pero ante perspectiva similar, quizá no me dé mucha prisa en aparecer por allí… 😀

  2. Gonzalo Martín Dice:

    Como un retorno a una vieja capital de provincias de esas que ya no existen… Pero existen, caray.